Amanecer
Despertar a la hora de las viejas rutinas: breves momentos de silencio donde las cosas mueren.
Se ha ido la noche y con ella los sueños de los que no tengo conciencia alguna. Se quedan en el olvido, así como poco a poco se desvanece todo; como se desvanecen los rostros, los lugares y los recuerdos.
Fotografías mentales no me bastan. No me son suficientes pues no guardan más los aromas, ni el tacto, ni el sonido de tu voz.
De aquellos días ya no me quedan más que unos cuantos libros, un par de cartas y letras entre los cuadernos. Pixeles sueltos e insuficientes.
Despierto pensando en cicatrices pero al ver mi piel no encuentro huella alguna. Llevo heridas que sobrepasan lo visible y lo tangible, heridas que habitan en lo más profundo. Su hogar es el confuso laberinto de la mente. Caminos extraños y encrucijadas que me llevan sin irme; sin siquiera moverme de este suelo en donde yace mi cuerpo al momento en que estas letras escribo.
Cerrar los ojos y abrirlos para percatarme que ha pasado otra noche y con ella otro día también se irá. Se irá como aquellos días que ya no están; pues cada amanecer es también la hora en donde las cosas mueren.